Feist — Pleasure

Hay lugares a los que, a pesar de no ir a menudo, tienes en la memoria cada vez que sale algún tema relacionado en una conversación. Por ejemplo, muchas personas recuerdan los pueblos o ciudades en los que han estado en función de los restaurantes que en ellos visitaron, “joder, maravilloso Avilés. No recuerdo mucho del centro y era difícil aparcar. También hay una contaminación de cojones, pero tienes que ir a Casa Jeremías, que hacen unas fabes dignas de lagrimones. Y los postres, !ay los postres! Todo en la carta es la leche”. Y sí, solo por ver lo variado y apetitoso de la carta, hasta Avilés que vas.

Llevábamos mucho sin sacar el tema de conversación de Feist, pero ahora que ha tenido que salir, es imposible no ponerse a recordar hits pasados, casi elevados a categoría de clásico. Que nos invada una sonrisa y que le digamos al de al lado que tiene que escucharse Let it Die (Polydor, 2004) o The Reminder (Polydor, 2007) o… vaya, que de Leslie Feist se lo tiene que escuchar todo, porque no ha habido una mala carta en su baraja jamás. La canadiense ha ido trazando una línea de evolución desde el jazz, la bossa nova hasta el folk-pop algo más mayoritario con un pulso maestro. Tanto, que sería imposible que no saliese su nombre entre los artistas Top del género de las últimas dos décadas.

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Y todo esto con una carrera discográfica más bien escasa en productividad. Pleasure (Universal, 2017) es tan solo su quinto disco de estudio, tras seis años de silencio. Su última referencia, Metals (Polydor, 2011) había dejado la evolución ya comentada en su camino más cercano a unas guitarras algo más agresivas. Y en eso parecía seguir (aunque al final no ha sido tan así) con el adelanto, ya comentado en esta santa casa, que da nombre al disco, y en el que Leslie parece ponerse momentáneamente un disfraz de PJ Harvey que le sienta genial. Pero es que hay gente a la que le queda bien cualquier trapito que se ponga.

Como decimos, ese adelanto algo más rotundo no ha acabado de servir como hilo conductor de un disco en el que el pop y el folk siguen siendo protagonistas principales, aunque dejando espacio suficiente al sello personal de Feist, con derivas experimentales y más complejas en lo melódico.

En ese terreno se mueven, efectivamente, canciones tan valiosas como ‘I Wish I Didn’t Miss You’ o ‘Baby Be Simple’. Guitarra, voz, mínimos arreglos y poquito más. Vaya, algo sí, carisma para llenar estadios (un decir). Justo el paso previo a otros ejemplos que, aunque naciendo de los mismos parámetros, presentan un resultado más contundente. Cambiamos la acústica por la eléctrica, le sumamos unas cuotas amplias de distorsión, y nos quedan cosas tan atractivas como ‘Lost Dreams’ o ‘Any Party’, enlazadas, uno de los puntos álgidos de Pleasure.

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Y es así como en cada hueco vas viendo cosas por las que, seis años después, con vena rockera, folkie o con el pop de toda la vida, vas viendo más y más cosas para enamorarte de Pleasures. Otro disco sensacional de Feist. De los coros de taberna de ‘Any Party’ a la sobresaliente ‘A Man is Not His Song’, con el coro entonando un More than a melody’s needed, more than a melody’s needed que se instala en tu puñetero cerebro para el resto del día. Bendita instalación, esta vez.

Y queda el hueco suficiente para instalar una ‘Century’, probablemente mi tema favorito de este Pleasures. Desde la efervescencia de la voz de Leslie, las percusiones adictivas y, claro está, el nacimiento de la voz del que todo lo puede, Jarvis Cocker, recitando apenas números y espacios temporales (como si esa puñetera voz precisase nada más), hacia la última parte de la canción, acaba llegando un tema como se verán pocos a lo largo de este año. Casi seis minutos de absoluta perfección y alma innegable de single.

Al final Feist consigue lo que viene consiguiendo desde 1999, esta vez asumiendo la producción del disco, de la mano de su compatriota Mocky. Pleasure reincide en la colección de canciones fantásticas, en sumar nombres a una lista de grandes éxitos irreprochable y en que, irremediablemente, se nos asome una gran sonrisa en la cara cuando alguien empiece ya no a hablar de ella directamente, sino a comentar algo sobre la escena indie folk de los últimos tiempos.

8,02/10


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