Los caminos de Burial son inescrutables

¿Qué te aflige, William?

Aún recuerdo cómo me impactó la primera vez que escuché a Burial y me sumergí en su música, lo mismo que con otros como Pixies o Aphex Twin. Al igual que mucha gente en su primer contacto con los que serán a la postre algunos de sus exponentes musicales. Y también recuerdo cómo dejé de sentir interés especial por los nuevos lanzamientos de cada uno de ellos (si bien es cierto que con Richard aún me resisto, sobre todo si publica fuera de Warp). A veces jode, suele, de hecho, pero pasa en las mejores familias. El caso más reciente, y quizá de muchos seguidores electrónicos, es el del inglés.

Cuando proyectas una sombra demasiado grande

Desde hace un par de años, William Bevan viene publicando referencias que no sólo no están al nivel de lo mejor que ha hecho, que no es poco (la vieja historia de acostumbrarse al caviar y luego ya tal), ni siquiera al de varios epés que vinieron después. Ha caído en una especie de limbo sonoro en el que le está costando redefinirse. Si bien él siempre fue, o al menos durante sus años grandes, una de las mentes electrónicas encargadas de definir algunos estilos, como lo fueron algunas claras (e irlandesas) influencias suyas, ahora parece no encontrar su sitio.

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Alzó y popularizó el dubstep (antes de su perversión brostep y otras vulgaridades EDM) para después abrir el camino hacia el future garage. Su legado, otra vez, tan joven y en tan poco tiempo, como pasó con algunos warpistas en los 90 no sólo llega hasta hoy con el delicado trato de las melodías, sus vocales fantasmagóricas o el uso de los sampleos (otra vez RDJ); también influyó en grandes artistas que vinieron poco después. Ahí está Zomby, por ejemplo, que forma parte de una larga línea que podemos trazar y en la que estarían entre otros segmentos, desde Shlohmo hasta oOoOO, pasando por Gidge, e incluso un primerizo Sau Poler, por no hablar de Rainer Veil, Clubroot, Nosaj Thing y una lista no poco extensa.

¿Te acuerdas cuando…?

Tras aquella rompedora, nívea y sorprendente patada en el estómago que supuso Untrue (Hyperdub, 2007), la obra maestra del inglés y que por cierto este año cumple ya una década, empezaron a sucederse los epés. Aunque hubo que esperar cuatro largos años hasta saber de él. Fue entonces cuando llegó el esperado fantástico Street Halo (Hyperdub, 2011), con su consiguiente locura desatada por parte de la parroquia tras años de sequía sin el pastor. Después, más estable en el tiempo, llegarían Kindred EP (Hyperdub, 2012), Truant / Rough Sleeper (Hyperdub, 2012) y finalmente aquél Rival Dealer (Hyperdub, 2013) que nos dejó con el culo torcido y que salió a final de año, para joder todos los tops anuales de la prensa musical.

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En todos ellos, un nivel muy alto, dignas continuaciones de sus dos largos. En ellos se veía a un Burial algo más expeditivo, experimentando con tempos más acelerados e incluso atreviéndose con caminos ochenteros bañados en pseudo-downtempo, como fue el caso de Rival Dealer. Pequeñas modificaciones en su sonido que mostraban que seguía vivo, yendo sobre seguro para no caer en cambios excesivamente bruscos que limaran su patrimonio. Seguía el manejo del groove, del ritmo roto y su cambio de marcha, los vocales, los graves profundos y ese profundo toque emocional.

El final (momentáneo) de la magia (Dios mío Burial tiene cara)

Después de esa nutrida ristra de publicaciones, se desvela su figura fantasmal y enseña su cara con un selfie (que igualmente ya se veía en su MySpace, qué tiempos), algo que le quitó romanticismo al asunto y parece que de paso, también la inspiración. Dejaron de llegar epés, a pesar de que siempre estaba en el ambiente la coñita de “a final de año llegará Burial para joder el top cerrado”. Pero no, lo que empezaron a llegar fueron singles en 2015, y ahí empezó a manifestarse el bajón de nivel en sus producciones.

Ahí está el marciano cruce de garage frenético-jungle-trance de ‘Temple Sleeper’ que llega en 2015. Después, en 2016, conocimos la colaboración con Zomby para elnuevo largo de este. “Joder, Zomby y Burial juntos”, pensábamos todos. Y claro, tanto hype se vio correspondido con un soberano hostiazo con ‘Sweet’, un tema pobre que es además de los más mediocres de un disco de por sí flojo. Una doble decepción que en el caso de Bevan empezaba a preocupar. Ese mismo año, llega un doble single, ‘Young Death / Nightmarket’, sendas, apuestas más minimalistas con alguna capa secundaria muy interesante pero que supieron a muy poco por no desarrollarse.

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En mayo de este curso llega un nuevo EP, Subtemple (Hyperdub, 2017), una incursión en el ambient con dos temas sin apenas tensión. Más cerca de una propuesta minimalista (un camino que han escogido en varios momentos de sus carreras y con dispares resultados gente como Actress o Huerco S.), y despojada de cualquiera de los elementos que hicieron de él un elemento clave en la electrónica contemporánea. Algo que por otra parte ya le ha pasado con sus producciones desde 2015.

La falta de ideas y un camino que seguir

En general, desde esta fecha y aquella buena cadena de EPs, el londinense parece no saber hacia dónde tirar; probando con una disminución del poderío y la belleza que escondían sus producciones o jugando en terrenos que hasta ahora le han sido ajenos. Además, con experimentos que no ofrecen muchas aristas de las que tirar para encontrar algún punto fuerte. En resumen, tiros al aire y en múltiples direcciones. A ver si suena la campana. O el loop mágico.

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Hace apenas unos días volvía a la carga con un nuevo single, ‘Rodent’. Los pinchazos de los últimos tiempos, en mi caso, me hicieron escuchar el tema mucho después, recibiendo el aviso del nuevo tema con total desidia. Algo que me temo no me ha pasado sólo a mí. Sin embargo, hay que reconocer que este ‘Rodent’ parece un intento del inglés por volver a los buenos tiempos, recuperando progresivamente los factores arriba mencionados. Es un tema decente, pero muy por debajo del Burial post-Untrue.

Con todo, Burial sigue siendo un tipo bastante joven en cuanto a artista se refiere. Irrumpió en nuestras vidas hace relativamente poco: 11 años. Lejos de ser considerado una vieja gloria. Sin embargo, preocupa el bajón de calidad en sus producciones recientes y la falta de claridad. Se entiende por tanto, el refugio en pequeñas producciones para ir probando y alejarse de la idea de un LP, que hoy parece una insensatez. De nuevo, quizá la presión o simplemente el enorme legado en sólo dos discos. Esperemos que vuelva la inspiración. Y si no, cero dramas, a seguir escuchando su rastro en cantidad de artistas actuales y a encerrarse en su época gloriosa. Porque sí, fue gloriosa.

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