El pecado que no debían cometer Prophets of Rage

A la banda se les abren las costuras cuando más tratan de diferenciarse

Nos pusimos conservadores hace un año con la creación de Prophets of Rage, ese proyecto con Chuck D (Public Enemy) y B-Real (Cypress Hill) rapeando sobre la base rítmica de rock-metal creada por la parte instrumental de Rage Against the Machine. Su primer movimiento fue un EP que consistió, básicamente, en RATMizar temas de algunos temas originalmente puro hip hop y testar a los MCs con piezas de los propios RATM.

No fue el colmo de la originalidad, pero la realidad es que The Party’s Over (Caroline, 2016) cumplió con lo que se esperaba. Las piezas, aunque ya conocidas en su mayoría, funcionaban, tenían pegada y el grupo mostraba química tocando juntos. El asterisco en aquel trabajo fue justamente el único tema que no era una versión, sino un tema original. Un tema que daba título al EP y cumplia, pero era el tema más flojo y menos inspirado del conjunto. Y eso ya permitía tener cierta duda razonable en lo que podrían ser Prophets of Rage como grupo.

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Y tampoco es que “fallase” por alejarse demasiado de lo que marcaban el resto de temas de aquella carta de presentación, con riffs potentes y directos que funcionaban pero no se notaban demasiado inspirados. No es complicado llegar a pensar en que los años llegan para todos, pero al menos sí daban la sensación de que, no saliéndose demasiado de su zona de confort, podían llegar a cumplir sin estridencias en el mejor de los casos.

No obstante, en su primer larga duración Prophets no han querido conformarse con sólo cumplir y se plantan con un disco lleno de decisiones, de probarse a sí mismos y de tratar de refrescarse, sin salirse demasiado de su sonido base, claro. Y por ahí es por donde Prophets of Rage (Fantasy, 2017) comienza a hacer aguas, porque si te lanzas a hacer saltos al vacío cuando tu inspiración no está en su mejor momento, es posible que te pegues un planchazo.

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La mayor parte de lo que encontramos en el álbum es tremendamente familiar, de hecho los dos primeros temas son bastante prototípicos de lo que cabría esperar de ellos y ya ahí se aprecian algunas fallas: Chuck D y B-Real no tienen el flow de antaño y, aunque hagan lo que puedan, se quedan algo cortos, al igual que su base instrumental que hacen ritmos y riffs más efectistas que efectivos.

Pero con ‘Legalize Me’ empieza la cosa a torcerse de más. Los efectos de vocoder en B-Real son un experimento que aporta menos de lo que creen y luego se llega a un estribillo sin mucha chispa ni fuerza. ‘Living on the 110’ también acaba adoleciendo de un estribillo flojo, esta vez por un toque melódico que se queda a medio gas y rompe la garra del tema. Y a lo largo del disco vemos otras decisiones que, viendo lo poco que funcionan, son mínimo cuestionables, como el giro funky tibio de ‘Take My Higher’ o la aguada chispa de ‘Who Owns Who’ o ‘Smashit’.

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No deja de ser significativo que los temas que mejor funcionan son los que menos se alejan de la esencia esperable del grupo, una ‘Unfuck the World’ que no pasaría de ser una más en un disco de RATM y una ‘Hail to the Chief’ que es la mejor con diferencia del conjunto y es carne de cañón para sus directos. El resto de piezas oscilan entre lo olvidable y entre la mueca de desagrado.

En cierto modo se podría agradecer el esfuerzo de Prophets of Rage por intentar probar algo diferente y no jugar a lo seguro tirando de zona de confort, pero los experimentos molan más cuando funcionan o cuando consiguen darle un enfoque más interesante al sonido del grupo. Aquí no se consigue ni lo uno -por tema de inspiración- ni lo otro -por sonar demasiado disperso y aleatorio- y es justo un pecado que no debían cometer si no querían que se les vieran demasiado las costuras.


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