Contra el odio irracional hacia 'Transformers': reivindicando la sinfonía de destrucción robótica de Michael Bay

Transformers

Cuando se hizo pública la noticia de que Paramount Pictures y Michael Bay tenían el objetivo de traer a la gran pantalla las aventuras de los Transformers en un filme de acción real, muchos de los que ya cargamos unas cuantas primaveras a nuestras espaldas comenzamos a soñar despiertos con la infinidad de posibilidades del proyecto y el espectáculo que podría terminar desplegándose ante nuestros ojos.

Hoy, diez años más tarde y con el quinto largometraje de la ahora multimillonaria franquicia recién estrenado, se antoja inevitable hacer balance de lo acontecido a lo largo de las andanzas de Optimus Prime y compañía. Una evaluación que, a juzgar por los resultados en taquilla de la pentalogía —en expansión—, debería ser, a priori, muy positiva.

Transformers Dragones

La primera entrega de la saga, estrenada en 2007, se alzó con la nada desdeñable cifra de 710 millones de dólares tras una inversión de tan sólo 105 millones. Las secuelas siguieron su estela, llegando todas a, como mínimo, cuadruplicar su presupuesto en taquilla, encontrándose el mayor logro en ‘El lado oscuro de la Luna’ y sus 1.124 millones de dólares de recaudación tras haber costado 195 millones.

Con un cómputo global de 4.333 millones a nivel mundial —sin tener en cuenta la reciente ‘El último caballero’—, los datos parecen invitar a desembocar en el tópico de “millones de espectadores no pueden estar equivocados”. No obstante, la opinión pública ha tendido desde el primer momento a destruir sin compasión a una serie de películas que, me van a perdonar los lectores, no son, ni mucho menos, tan terribles como muchos las pintan.

“Transformerfobia”, o la injusta crítica desmedida

Transformers El Ultimo Caballero

Podríamos hablar no de duras críticas, sino directamente de toneladas de odio exacerbado, al intentar adjetivar los muchos exabruptos vertidos sobre las cinco películas protagonizadas por los juguetes de Hasbro. En algunas ocasiones infundados y desmedidos, en otras bien argumentados y con cierta parte de razón, pero siempre insuficientes para condenar a arder en el fuego del infierno a la licencia.

Una de los primeros lamentos de parte del respetable que se enfrentó a la ‘Transformers’ original —siempre en término de las cinco películas de acción real— etiquetaron a Michael Bay como una especie de entidad demoníaca “destructora de la infancia”. Esta es una de las críticas más absurdas y egoístas de todas, proferida por el sector más trasnochado del patio de butacas que olvida que existen nuevas generaciones a las que brindar un lavado de cara del material original de los 80.

Dejando de lado tamaña absurdez, hay que reconocer que ciertos reproches hacia la saga son perfectamente comprensibles, centrándose la mayoría de ellos en términos estrictamente narrativos. No puedo menos que dar la razón a aquellas voces que maldicen elementos como la estructura de los libretos, la excesiva duración de los cortes definitivos, o el tratamiento de los personajes tanto humanos como robóticos.

La simple idea de plantarse frente a 150 minutos de metraje —esta es la media entre todos los filmes— puede hacerse cuesta arriba incluso para el espectador más aguerrido; pero si nos encontramos ante primeros actos de una hora, arcos evolutivos inexistentes para personajes algo insufribles, un humor racista y memo —ay, la bolsa escrotal de ‘La venganza de los caídos’…— y unos guiones atropellados, la tarea puede convertirse en algo especialmente arduo.

Aún así, lo que muchos demonizan calificándolo como “anticine”, remarcando que se trata de un “espectáculo vacío” —algo que, por otro lado, no tiene nada de malo—, oculta algo en su señalada oquedad que, secuela tras secuela, continúa arrastrándonos a muchos al cine; y gran parte de la culpa la tiene, le pese a quien le pese, el genio indiscutible de su director Michael Benjamin Bay.

Una caótica sinfonía de la destrucción

Michael Bay

Jamás comprenderé qué tiene de malo ofrecer una pieza centrada casi en su totalidad en el estímulo audiovisual puro y duro dejando algo de lado otros elementos a favor de una orgía pirotécnica de primera categoría; pero sea esto bueno o malo, no se puede hacer menos que confirmar a Michael Bay como un auténtico superdotado, maestro en el noble arte de la destrucción cinematográfica.

La trayectoria en el mundo de la publicidad y el videoclip del realizador, habiendo trabajado desde finales de los ochenta para artistas de la talla de Tina Turner, Lionel Ritchie o Meat Loaf, han refinado una habilidad innata a la hora de encuadrar, mover la cámara y rodar tiroteos, peleas y persecuciones como prácticamente ningún otro es capaz de hacer.

Transformers Explosion

Esto quedó sobradamente confirmado en sus primeras cintas ‘Dos policías rebeldes’ y ‘La Roca’, donde se pueden distinguir tics y mecanismos de dirección que convierten al de Los Angeles en un auténtico autor. Todos estos sellos marca de la casa se han trasladado aplicando la máxima de “cuanto más grande, mejor” a la saga ‘Transformers’, confirmándola como una auténtica oda al cine de acción que absolutamente nadie podría moldear como Michael Bay.

Nada, absolutamente nada, queda al azar en cada uno de los fotogramas que componen los filmes que enfrentan a Autobots y Decepticons. La cuidada fotografía, la milimétrica precisión en la colocación de los diversos elementos del plano —ya sea para sexualizar a los personajes femeninos o para magnificar una explosión— o el modo en el que utiliza travelings y steadishots para enfatizar la acción están al servicio de una suerte de caos ordenado que se traduce en una hipnótica sinfonía de la destrucción.

Un espectáculo hipnótico con “Chispa Vital”

Transmorfers Landscape

Las dos horas y media de cualquiera de los cinco filmes de ‘Transformers’ podrían compararse con observar una lámpara de lava. Su luz, color y movimiento te emboban haciéndote mirar desconectando completamente el cerebro y embelesándote casi automáticamente para, después, no recordar exactamente qué formas viste y dónde se posicionaron; pero, aún así, volverías a mirarla sin pensarlo.

En el caso de los largometrajes del señor Bay, los amasijos de hierro, metal y tuercas envueltos por el fuego y la metralla que invaden sus secuencias actúan como el fluido de la lámpara, trazando líneas y creando fugas en pantalla que nos hacen olvidar por completo el disparatado guión —o su ausencia— que pretende envolver lo que popularmente se conoce como “Bayhem”.

Transformerstlk

Puede que ninguna de las cinco ‘Transformers’ sea un ejemplo a seguir en cuanto a dramaturgia se refiere; puede que jamás se proyecten en escuelas de cine —aunque debería hacerse—; y, probablemente, ningún crítico en su sano juicio osaría recomendarlas, pero ya sea por ver a actores de primera categoría prestarse a un juego inocente y divertido, por su impecable fusión de efectos digitales y prácticos, entregados a un espectáculo tan grandilocuente como abrumador, o por su innegable éxito en el box office, todas y cada una de ellas merecen, cuanto menos, nuestro respeto.

Desde ‘Transformers’ hasta ‘El último caballero’, la pentalogía robótica de Michael Bay esconde una aparatosa y explosiva “Chispa Vital” en su interior que hace perfectamente comprensible el aluvión de público a las salas de cine a cada entrega que se estrena. Bueno, a decir verdad, ‘La venganza de los caídos’ es un auténtico desastre de principio a fin, pero, ¿quién se resiste a un par de horas de cochazos y robots gigantescos dándose de hostias?

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Contra el odio irracional hacia ‘Transformers’: reivindicando la sinfonía de destrucción robótica de Michael Bay

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Espinof

por
Víctor López G.

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